lunes, 13 de octubre de 2014

Relojes

El tiempo no detiene su carrera. El reloj nunca nos espera. En la tiranía del minutero nuestra vida pasa en una espiral de instantes infinitos. Llenemos los espacios intermedios con la luz de los mil amaneceres que es posible que aún nos queden.
Yo no quisiera quedarme siempre en esta estación esperando a que pase mi tren. Más bien quisiera hacer camino al andar y recorrer, paso a paso las estaciones de mi vida.
Tampoco quisiera irme hoy a dormir con la sensación de que he perdido un día más. Estaría bien sorprenderme cada día con nuevas experiencias, de esas que se convierten en recuerdos inolvidables.Si el tiempo es oro, por qué no tener un tesoro, lleno de horas, de minutos que de verdad hayan merecido la pena.
Me despojaré de todo lo superficial, de los pesos antiguos que arrastro. Se caerán de mi piel y de mi mente tira a tira, como caen las hojas de los árboles. El Otoño ya es una realidad.
Hay un tic-tac que resuena, un reloj sin manillas que guardo en el pecho, y a ese reloj debería escuchar más a menudo. Y como dicen los poetas olvidar para siempre ese otro reloj, que continúa su carrera colgado de la pared y vivir sin prisas, sabiendo que nunca el tiempo es perdido y que en este instante todo está por suceder.




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